sábado, 12 de octubre de 2019

«Desde luego», repitió cuando acudió a su mente por tercera vez aquel círculo mágico de recuerdos y pensamientos. Apoyó el revólver en la parte izquierda de su pecho y, tirando fuertemente con la mano, como si apretara el puño, oprimió el gatillo. No oyó el disparo, pero un violento golpe en el pecho lo hizo vacilar. Trató de sujetarse en el borde de la mesa, soltó el revólver y, tambaleándose, se sentó en el suelo, mirando con sorpresa en torno suyo. No reconocía su propia habitación, viéndolo todo desde abajo, las patas curvadas de la mesa, el cesto de los papeles y la piel de tigre. Los pasos rápidos y crujientes del criado que atravesaba el salón lo obligaron a recobrarse. Hizo un esfuerzo mental y comprendió que se hallaba en el suelo, y al ver la sangre en la piel de tigre y en su mano, recordó que había disparado contra sí.
«¡Qué estupidez! He fallado el golpe», murmuró, buscando el revólver con la mano. El arma estaba junto a él, pero Vronski palpaba más lejos. Prosiguió la búsqueda, se estiró hacia el otro lado y, sin fuerzas para guardar el equilibrio, se desplomó, desangrándose.

Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi

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