La fonda de la capital de provincia donde se alojaba Nikolái Lievin era uno de esos establecimientos provincianos que se construyen con arreglo a los adelantos modernos, con las mejores intenciones de higiene, confort e incluso elegancia, pero que, debido al público que las frecuenta, se convierten con extraordinaria rapidez en tabernas sucias con pretensiones y, como consecuencia de esto, suelen ser peores que las antiguas posadas, que no disimulan la suciedad. Esta había llegado ya a aquel estado. Tanto el soldado de sucio uniforme que fumaba sentado a la puerta y, al parecer, cumplía los deberes de portero, como la triste y desagradable escalera de hierro fundido, el camarero descarado con su frac sucio, la sala con un ramo de flores de cera cubierto de polvo que adornaba la mesa, la suciedad, el polvo, el desorden por doquier y junto con todo esto cierto deseo de darle un aire de fonda de estación de ferrocarril de alguna categoría, produjeron en los Lievin, después de su vida de recién casados, un efecto deprimente, sobre todo porque la impresión de falsedad que causaba la fonda no estaba en relación con lo que los esperaba.
Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi
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