lunes, 7 de octubre de 2019

—¿No ha estado usted antes en Moscú? —le preguntó Konstantín, por decir algo.
—No le hables de usted. Eso le da miedo. Nadie, excepto el juez de paz, que la juzgó cuando quiso irse de aquella casa de perversión, le ha hablado de usted. ¡Dios mío, cuántas cosas absurdas hay en este mundo! Son un escándalo esas nuevas instituciones, esos jueces de paz y esos zemstvos. —Y comenzó a relatar sus choques con las instituciones nuevas.
Konstantín Lievin lo escuchaba y, aunque compartía su opinión y la había expresado muchas veces, ahora le resultaba desagradable oír eso de sus labios.

Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi

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