jueves, 24 de octubre de 2019

El niño alzó la mirada hacia el delgado rostro de anciano del abuelo que ahora se inclinaba de nuevo sobre la jofaina, como lo había hecho en aquella hora ya muy lejana de la que hablaba en ese momento, y la sensación que había experimentado otras veces se apoderó de él; aquella peculiar sensación, como soñada y también como de pesadilla de que todo se mueve y no se mueve nada, de cambiante permanencia que no es sino un constante volver a empezar y una vertiginosa monotonía; una sensación que ya le era conocida de otras veces y cuya repetición había esperado y deseado; en parte se debía a este deseo el que hubiera pedido que le mostrasen aquella pieza, que pasaba de generación en generación sin que el tiempo pasase por ella.

La montaña mágica - Thomas Mann

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