El mar se abre a los niños. La mano del hombre necesita mucho esfuerzo, mucho dolor, mucho tiempo para sacar algo del mar. El niño mete la mano en el agua y saca un pequeño cangrejo, una concha que brilla, algo. Al mar no hay que desafiarle, como hacen los pescadores y los marinos, los almirantes y los balleneros. Hay que entrar en él con confianza, con seguridad, como el niño. El mar es la tierra firme de los niños.
Mortal y rosa - Francisco Umbral
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