De regreso, Vronski, Anna y Goleníschev estaban muy animados y alegres. Hablaban de Mijáilov y de sus cuadros. La palabra «talento», que entendían por una facultad innata casi física, independiente de la inteligencia y del corazón y con la que querían definir todo lo que experimentaba el pintor, surgía muy a menudo en su charla, ya que la necesitaban para hablar de lo que no tenían la menor idea. Aseguraban que no se le podía negar el talento a Mijáilov, pero que ese talento no había podido desarrollarse por su falta de cultura, un mal común entre los pintores rusos. El cuadro de los niños quedó grabado en su memoria y a cada momento volvían a mencionarlo.
Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi
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