lunes, 28 de octubre de 2019

—Como ves, no ha sido tan difícil, me he entendido estupendamente con ella. Siempre sé entenderme con esta clase de personas. Creo que estoy hecho para tratar con ellas. ¿No te parece? Incluso creo que, en conjunto, me entiendo mejor con las personas tristes que con las alegres. Dios sabe a qué se debe. Tal vez al hecho de que soy huérfano y perdí a mis padres tan pronto. Con todo, cuando la gente está seria y triste, y la muerte anda al acecho, no me siento incómodo ni cohibido; al contrario, me encuentro en mi elemento, mejor que cuando todo marcha bien, eso va menos con mi carácter. Estos días pensaba que es una estupidez por parte de todas estas mujeres temer tanto a la muerte y a todo cuanto tiene que ver con ella, hasta el punto de ocultarles todo y llevar el Santo Sacramento a los moribundos cuando ellas están comiendo. ¡Eso es pueril! ¿A ti no te gusta ver un ataúd? A mí me encanta ver alguno de vez en cuando. Me parece que un ataúd es un mueble hermoso, incluso cuando está vacío; claro que, cuando hay alguien dentro, me parece verdaderamente solemne. Los entierros tienen algo de edificantes, y más de una vez he pensado que, para buscar recogimiento, debería ir uno a un entierro en vez de a la iglesia. La gente va bien vestida, de luto riguroso, se quita el sombrero y todos se comportan con enorme respeto, nadie se atreve a gastar bromas de mal gusto, como ocurre siempre en la vida cotidiana. Me gusta mucho ver que la gente muestra recogimiento en algunas ocasiones. A veces me he preguntado si hubiera debido hacerme pastor; creo que, en cierto modo, no me hubiera ido mal del todo… ¡Espero no haber cometido ningún error en francés al hablar con ella!
—No —dijo Joachim—. «Je le regrette beaucoup» es perfectamente correcto.

La montaña mágica - Thomas Mann

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