martes, 1 de octubre de 2019

Casi todo el que escribe quiere quedar como estatua municipal, como rotonda pública, como salvador de la Patria. Hay que resistirse a ser una lección de provecho. Y para eso lo mejor es el escándalo, como pensé a veces. El escritor, el artista, por muy maldito y escandaloso que haya sido, por muy inconveniente que resulte a sus contemporáneos, es reasumido en una posteridad inmediata, es aprovechado, taxidermizado. Se le positiviza y ya sirve para aprender métrica o moral. Hay grandes ejemplos de esto. Toda la historia de la cultura, en realidad, es eso. La transvaloración de todos los valores, que diría Nietzsche, pero entendido al revés. Lo que en su día fue subversivo con el tiempo se torna instructivo. La cultura es una domesticación.

Mortal y rosa - Francisco Umbral

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