A pesar del estado de excitación en que se encontraba Mijáilov, el comentario acerca de su técnica le hirió dolorosamente el corazón y, echando una mirada de enojo a Vronski, frunció el ceño. A menudo oía decir la palabra «técnica», pero no entendía en absoluto su significado. Sabía que indicaban así la capacidad mecánica de pintar y dibujar, de un modo completamente independiente de la idea del cuadro. Con frecuencia observaba, como en el elogio presente, que se contraponía la técnica al mérito intrínseco, como si fuera posible pintar bien algo que no tuviese interés. Sabía que se debe tener mucha atención y cuidado para que, al quitar todo lo superfluo de un cuadro, no se estropease la obra de arte. Pero para pintar con arte no existía ninguna técnica. Si a un niño pequeño o a una cocinera se les revelara lo que él veía, también ellos podían expresarlo. En cambio, el pintor técnico más hábil y más diestro no habría podido pintar nada con su facultad mecánica, de no haberse inspirado antes. Además, comprendía que no era posible elogiar su técnica. En todo lo que había pintado y pintaba había defectos que saltaban a la vista, motivados por la falta de atención con que corregía sus cuadros, que ya no podía enmendar sin estropear la obra. Y en casi todas las figuras y rostros había aún pinceladas superfluas que malograban la obra.
Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi
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