jueves, 5 de septiembre de 2019

Y si hablo de mi mismo, y del otro que es mi criatura, y que devoraré como he devorado a los otros, es, como siempre, por falta de amor; mierda, no esperaba eso, un homúnculo, no puedo detenerme. Y, sin embargo, me parece que nací y que he vivido mucho tiempo y encontrado a Jackson y vagado por ciudades, bosques y desiertos y he estado mucho tiempo llorando a la orilla de los mares frente a islas y penínsulas en donde, por la noche, brillaban las lucecillas amarillas y breves de los hombres y toda la noche los grandes fuegos blancos o de vivos colores que venían a las cavernas en que yo era dichoso, agazapado sobre la arena al abrigo de las rocas entre el olor de las algas y de la roca húmeda, mientras entre el ruido del viento las olas me azotaban con espuma, o suspirando sobre la playa y apenas asiendo los guijarros; no, no feliz, eso nunca, sino deseando que la noche no termine nunca ni retorne el día que hace decir a los hombres: «Ea, la vida pasa, hay que aprovecharla». Por otra parte, poco importa que haya nacido o no, que haya vivido o no, que esté muerto o sólo agonizante; haré lo que siempre he hecho, en la ignorancia de lo que hago, de quién soy, de dónde soy, de si soy. Sí, intentaré hacer, para tenerla en mis brazos, una criaturita a mi imagen, diga lo que diga. Y viéndola malograda, o excesivamente parecida, la devoraré. Luego me quedaré solo un buen rato, desgraciado, sin saber cuál ha de ser mi oración, ni para quién.

Malone muere - Samuel Beckett

No hay comentarios:

Publicar un comentario