Y quizá es entonces cuando contempla el cielo de los antiguos ensueños, de los cruceros y también de la tierra, y los espasmos de las olas, ninguna de las cuales se mueve sin que las demás se muevan igualmente, y el movimiento de los hombres, por ejemplo, tan diferente, pues no están atados los unos a los otros y son libres de ir y venir cada uno a su antojo. Y no se lo reprochan y van y vienen, entre el triquitraque de sus mecanismos de fantochazos, cada uno por su lado. Y cuando hay uno que muere, los demás siguen, como si nada ocurriera.
Malone muere - Samuel Beckett
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