Un día, mucho más tarde, a juzgar por su aspecto, Macmann recobró el sentido, una vez más, en un asilo. Al principio ignoraba que lo fuera, estando metido dentro, pero se lo dijeron en cuanto fue capaz de recibir un comunicado. En resumen le dijeron: «Estás aquí, en el asilo de San Juan de Dios, con el número ciento setenta y seis. No temas nada, estás entre amigos. Date cuenta. No te preocupes por nada, nosotros pensaremos y obraremos por ti de ahora en adelante. Eso nos gusta. Por tanto, no nos des las gracias. Aparte de los alimentos adecuados para mantenerte vivo, e incluso sano, recibirás, todos los sábados, en honor de nuestro patrón; media pinta británica de cerveza negra y tabaco para mascar». Siguieron instrucciones sobre sus derechos y deberes, pues se le reconocía todavía cierto número de derechos, a pesar de la bondad de que era objeto.
Malone muere - Samuel Beckett
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