Superfluo, pequeña alma siempre, inventé el amor, la música, el aroma del grosellero silvestre, por esquivarme. Los órganos, un fuera, son fáciles de imaginar; otros, un Dios, son cosa forzada, nos los imaginamos, lo que es fácil, eso calma lo principal, eso adormece, por un instante. Sí, Dios, en él no he creído, fautor de calma, un instante.
El innombrable - Samuel Beckett
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