Se le ocurrió la idea de castigo, acostumbrado a decir verdad a tal quimera, e impresionado probablemente por la postura del cuerpo y por los dedos crispados como por el sufrimiento. Y sin saber exactamente cuál era su culpa, se daba perfecta cuenta de que vivir no era castigo suficiente o de que ese castigo era en sí mismo una culpa, que reclamaba otros castigos, y así sucesivamente, como si pudiera haber alguna otra cosa además de la vida, para los vivos. Y sin duda se habría preguntado si era verdaderamente necesario ser culpable para recibir un castigo, de no tener el recuerdo, cada vez más atosigante, de haber accedido a vivir en su madre, para luego abandonarla.
Malone muere - Samuel Beckett
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