domingo, 22 de septiembre de 2019

Realmente, a menudo volvía de la arboleda de Diotima como alguien borracho por el triunfo, a menudo debía alejarme de ella a toda prisa para no traicionar ni uno sólo de mis pensamientos; hasta tal punto me enloquecía de alegría y de orgullo con la maravillosa creencia de que era amado por Diotima.
Entonces buscaba los montes más altos y sus vientos, y como un águila cuyo sangriento plumaje ya está curado, mi espíritu se remontaba hacia lo libre y se desplegaba, como si fuera suyo, sobre el mundo visible; ¡maravilloso! A menudo me parecía como si las cosas de la tierra se purificaran y se fundieran en mi fuego como el oro, y algo divino nacía de ellas y de mí, tanta era mi alegría; ¡y cómo aupaba a los niños y los apretaba contra mi agitado corazón, cómo saludaba a las plantas y a los árboles! Me hubiera gustado poseer un encantamiento para reunir en torno a mis manos generosas a los tímidos ciervos y a todas las aves salvajes del bosque, como un pueblecito familiar, ¡tan dulce era la locura de mi amor!

Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin

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