«¿Y qué sería», continuó, «qué sería este mundo si no fuera un acorde de seres libres? Si los vivientes no actuaran en él conjuntamente desde un principio empujados por un impulso propio y alegre, en el sentido de una sola vida a muchas voces, ¡qué leñoso sería, que frío, qué chapuza sin corazón!».
«Y así será verdad en su más alto sentido», respondí, «que, sin libertad, todo está muerto».
«¡Claro que sí!», exclamó; «si ni una sola brizna de hierba crece si no hay en ella un germen de vida propio, ¡cuánto más en mí! Y por eso, amigo mío, porque me siento libre en el más alto sentido, porque me siento sin comienzo, por eso creo que no tengo fin, que soy indestructible. Si me ha hecho la mano de un alfarero, que rompa su vasija cuando guste. Pero lo que vive en ella debe ser increado, debe ser en su germen de naturaleza divina, elevado sobre todo poder y todo arte, y por tanto, invulnerable, eterno.
»Cada cual tiene sus misterios, querido Hiperión, sus pensamientos secretos; éstos fueron los míos desde que empecé a pensar.
Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin
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