Preguntas informes, vinculadas unas a otras, se hundían desmayadamente en su espíritu. Algunas parecían referirse a su hija, la segundona de sus inquietudes. Ésta, no pudiendo dormir, permanecía desde hacia algún tiempo al acecho. Sabiendo que su madre velaba, estuvo a punto de levantarse y reunirse con ella. Pero hasta al día siguiente o al cabo de dos días no se decidió a decirle lo que Sapo le había dicho, es decir, que se iba para siempre. Entonces, como suele hacerse incluso con los muertos más insignificantes, reunieron los recuerdos que él hubiera podido dejarles, ayudándose unos a otros y esforzándose por ponerse de acuerdo. Pero conocemos esta llamita, esos temblores en la sombra turbada. Y el acuerdo sólo llega más tarde, con el olvido.
Malone muere - Samuel Beckett
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