Porque quizá ya no haga más que un solo viaje, por las largas galerías que conozco, con los solecillos y lunillas que cuelgo, y los bolsillos llenos de guijarros para representar a los hombres y a sus estaciones, uno solo, esto es lo que deseo. Luego volveré aquí, a mí, resulta impreciso, para nunca más abandonarme, para nunca desear lo que no tengo. Volveremos todos quizá, juntos, para nunca más separarnos, nunca más espiarnos, en este sucio cuartucho, blanquecino y abovedado como tallado en marfil y qué marfil, diríase un viejo raigón. O volveré solo, tan solo como al partir, pero no creo, los oigo desde aquí, gritando detrás de mí por los pasillos, tropezando con los escombros, rogándome que los lleve conmigo. Ya está decidido. Tengo el tiempo justo, si he calculado bien, y si he calculado mal, mucho mejor, no pido otra cosa, por otra parte no he calculado nada, tampoco pido nada. Justo el tiempo de ir a dar un último paseo, de volver y hacer lo que tengo que hacer aquí, pues todavía tengo que hacer aquí, ya no sé qué por ejemplo, ¡ah, sí!, poner orden en mis pertenencias, y además otra cosa, no sé cuál, pero ya me acordaré en el momento preciso.
Malone muere - Samuel Beckett
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