domingo, 8 de septiembre de 2019

Por el contrario, para los pequeños servicios que se prestaba a sí mismo, como cuando por ejemplo debía reemplazar uno de sus bastones-botones, que no tenían larga vida, siendo la mayoría de madera y estaño sometidos a los rigores de la zona templada, tenía en verdad maña, como suele decirse, y sin disponer de los útiles más indispensables. Y una gran parte de su existencia, es decir, de la mitad o la cuarta parte de su existencia que comportaba los movimientos más o menos coordinados del cuerpo, había transcurrido en esos trabajos no remunerados de confección y reparación, a menudo de cierta ingeniosidad. Puesto que le era necesario si quería continuar yendo y viniendo, y a decir verdad no disponía de otros medios, pero le era necesario, por razones oscuras y que sólo Dios sabe, aunque, a decir verdad, Dios no parece necesitar razones para hacer lo que hace y para omitir lo que omite, al igual que sus criaturas. Pero nunca se sabe. Tal parecía ser Macmann, visto desde cierto ángulo, incapaz de binar sin devastar por completo un parterre de pensamientos, o de maravillas, y por otro lado capaz de reforzar sus borceguíes con corteza de sauce y ataduras de mimbre para poder ir y venir de vez en cuando sobre el suelo sin herirse demasiado con los guijarros, las espinas y los pedazos de vidrio procedentes de la desidia o de la maldad de los hombres, sin apenas refunfuñar, porque le era necesario.

Malone muere - Samuel Beckett

No hay comentarios:

Publicar un comentario