jueves, 19 de septiembre de 2019

¡Ah, pobres de vosotros los que sentís todo esto, los que tampoco gustáis de hablar del destino humano, los que os sentís también cada vez más atrapados por la nada que reina sobre nosotros, fundamentalmente convencidos de que nacemos para nada, de que amamos una nada, creemos en nada, nos esforzamos por nada, para hundirnos poco a poco en la nada…!, ¿qué puedo hacer si os flaquean las rodillas cuando pensáis seriamente en ello? Porque yo también me he hundido muchas veces en estos pensamientos y he gritado: ¿por qué llevas el hacha a mis raíces, espíritu cruel?, y todavía estoy aquí.
Antiguamente, mis sombríos hermanos, era distinto. Sobre nosotros estaba la belleza, ante nosotros la belleza y la alegría; estos corazones desbordaban a la vista de los lejanos fantasmas de dicha, y audaces y regocijados, se elevaron también nuestros espíritus y traspasaron la barrera; y cuando miraron a su alrededor, ¡ay!, sólo había un vacío infinito.
¡Oh!, a veces caigo de rodillas y mis manos se retuercen e imploran no sé a quién que cambie mis pensamientos. Pero no puedo acallar los gritos de la verdad. ¿No me he convencido por mí mismo ya dos Veces? Cuando contemplo la vida, ¿qué es lo último de todo? Nada. Cuando me elevo en el espíritu, ¿qué es lo más elevado de todo? Nada.
¡Pero cálmate, corazón! ¡Estás desperdiciando tus últimas fuerzas! ¿Tus últimas fuerzas? ¿Y tú, tú quieres asaltar el cielo? Pues ¿dónde están tus cien brazos, Titán, dónde tu Pelión y tu Osa, tus escalas para asaltar el castillo del padre de los dioses, para que subas y derribes al dios mismo y la mesa de los dioses y todas las cumbres inmortales del Olimpo, y prediques a los mortales: «¡Quedaos abajo, hijos del instante, no os esforcéis por subir a estas alturas, porque aquí arriba no hay nada!».

Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin

No hay comentarios:

Publicar un comentario