miércoles, 18 de septiembre de 2019

Pero ¿de qué me sirve a mí esto? El aullido del chacal, que hace resonar su funeral canto salvaje bajo los escombros de la antigüedad, viene a sacarme de mis sueños.
¡Dichoso el hombre al qué una patria floreciente alegra y fortifica el corazón! A mí, cuando alguien me recuerda la mía, es como si me tirasen a un charco, como si clavaran sobre mí la tapa del ataúd, y cuando alguien me llama griego, siento como si acabara de echarme al cuello el collar de un perro.
Y mira tú, Belarmino, cada vez que se me han escapado tales o semejantes palabras, cada vez que la rabia hizo llegar una lágrima a mis ojos, se me acercaron esos sabios que tanto gustan de figurar en Alemania, esos miserables para los que un alma que sufre es justamente lo que necesitan para aplicarle sus consejos, y muy amistosamente se dignaron echarme una mano y me dijeron: «¡No te lamentes, actúa!».
¡Ojalá no hubiera actuado nunca! ¡Algo más rico sería en tantas esperanzas!…
Sí, olvídate de que hay hombres, miserable corazón atormentado y mil veces acosado, y vuelve otra vez al lugar de dónde procedes, a los brazos de la inmutable, serena y hermosa naturaleza.

Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin

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