Me arranco, pues, de la selva pantanosa de los sueños y me resumo como puedo, recojo porciones de realidad que yacen tristes por la habitación, me doblo por la mitad y mis riñones, cargados de pasado y de licores, gimen dulcemente. Ya estoy en pie.
La primera felicidad del día es haber escapado a los peligros pueriles del sueño, a los terrores convencionales de la pesadilla. Más vale la lucidez mediocre que el delirio.
Mortal y rosa - Francisco Umbral
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