MÁS allá está el horror, de tan alto, «de tan alto, sin vaivén». Porque en la cima del horror, como en todas las cimas, hay quietud, y es preciso haber llegado a lo más alto del horror para conocer esa quietud mortal, ese sosiego neutro que he conocido yo, esa plenitud inversa donde ya nada se mueve, nada duda, nada canta, sino que el corazón es una piedra desnuda y el pensamiento es una cinta muda.
Mortal y rosa - Francisco Umbral
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