domingo, 1 de septiembre de 2019

Es una noche como las que le gustaban a Kaspar David Friedrich, tempestuosa y clara. Ese apellido que vuelve a mi mente, y esos nombres. Las nubes avanzan, deshilachadas, cortadas por el viento, sobre un fondo límpido. Si me armara de paciencia vería la Luna. Pero no aguardaré. Ahora que he visto, escucho el viento. Cierro los ojos y se confunde con mi aliento. Palabras e imágenes se arremolinan en mi cabeza, surgen inagotables y se persiguen, se funden, se destruyen. Pero más allá de semejante tumulto la calma es inmensa, y también la indiferencia. Nunca más nada hará mella de verdad en ellas.

Malone muere - Samuel Beckett

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