Es una felicidad para mí que mi vida transcurra dedicada por completo al trabajo; si no, iría de una locura a otra, tan colmada está mi alma, tan exaltada por este hombre maravilloso, admirable, que no ama a nadie más que a mí y que derrama sobre mí toda la humildad que hay en él. ¡Oh Diotima! Este hombre ha llorado ante mí, me ha suplicado, como un niño, que olvide lo que me hizo en Esmirna.
¿Pero quién soy yo, amados míos, para llamaros míos, para poder decir que sois mi propio bien, para estar como un conquistador entre vosotros, y abrazaros como a mi presa?
Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin
No hay comentarios:
Publicar un comentario