Es una cuestión de voz, de voz que prolongar, de buena manera cuando ellos se detienen, exprofeso, para probarme, como en este instante la que quiere, en términos generales, que yo esté con vida. La buena manera, el calor, la desenvoltura, la fe, como si fuera mi voz diciendo palabras mías, palabras que me digan con vida, pues en ella es en la que ellos quieren que esté, no sé por qué, con sus miles de millones de seres vivos y sus trillones de muertos, eso no les basta, también yo tengo que ir, con mi pequeña convulsión, a gemir, a llorar, a hipar, a sonreír en el amor al prójimo y los beneficios de la razón. Pero la buena manera, ésa la ignoro. Esta sarta de estupideces se la debo, desde luego, a ellos, y ese murmullo que me ahoga fueron ellos los que me hincharon de él. Y esto sale así, tal cual, no tengo más que bostezar, es a ellos a los que oigo, viejas seguridades aseguradas, en las que nada puedo cambiar.
El innombrable - Samuel Beckett
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