Como un soberbio déspota, la zona oriental del cielo obliga a sus habitantes, con su poder y su esplendor, a agacharse hasta tocar el suelo, y, aun antes de que el hombre haya aprendido a andar, tiene que arrodillarse; antes de haber aprendido a hablar, tiene que rezar; antes de que su corazón alcance un equilibrio, tiene que inclinarse; y antes de que su espíritu sea lo bastante fuerte para dar flores y frutos, el destino y la naturaleza, con su ardiente calor, eliminan de él toda fuerza.
Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin
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