miércoles, 25 de septiembre de 2019

«Que cada cual se dedique a sus ocupaciones», me dirás, y yo también lo digo. Sólo que debe dedicarse con toda el alma, no debe ahogar en sí cualquier otra fuerza que no concuerde exactamente con su ocupación, no tiene que ser sólo, con ese miedo miserable, literal e hipócritamente lo que su título indica, tiene que ser con seriedad y con amor lo que es, y entonces, en su quehacer vivirá un espíritu, y si se siente oprimido en una especialidad donde no es posible en absoluto la vida del espíritu, ¡que la rechace con desprecio, y vale más que aprenda a trabajar la tierra! Pero tus compatriotas prefieren atenerse a lo estrictamente necesario y por eso también hay entre ellos tanta chapuza y tan poco trabajo libre y auténticamente exaltante. Y aun así, podría sacarse de ello algún partido si tales seres no fueran insensibles hasta tal punto a cuanto de hermoso hay en la vida, si no pesara en todas partes sobre este pueblo el anatema de una empecatada desnaturalización…

Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin

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