miércoles, 25 de septiembre de 2019

«¿Qué más pueden quitarme que la vida?», me respondió. Luego me cogió la mano con dulzura y me dijo: «Hiperión, mi tiempo se acaba, y ahora sólo me queda elegir un final noble. ¡Déjame! ¡No me hagas de menos, y ten fe en mi palabra! Sé tan bien como tú que aún podría fingir una existencia, que podría, ahora que ha terminado el banquete de la vida, jugar todavía con las migajas, pero yo no puedo hacer eso; y tú tampoco. ¿Necesito decirte algo más? ¿No te hablo desde el fondo de tu alma? ¡Tengo sed de aire, de frescor, Hiperión! Mi alma desborda en mí y ya no cabe en sus antiguos límites. Pronto llegarán los hermosos días de invierno en que la tierra oscura no es más que el espejo azogado del cielo reluciente; sería una buena época, ¡en ella resplandecen con extraordinaria hospitalidad esas islas de luz!… ¿Te asombran mis palabras? ¡Querido!, los que se separan hablan todos como borrachos, y les gusta ser solemnes. Cuando el árbol empieza a marchitarse, ¿no tienen todas sus hojas el color del alba?».

Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin

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