jueves, 19 de septiembre de 2019

Así pensaba yo. ¿No te gusta quizás, Belarmino? Pues aún tendrás que oír otras cosas.
¡Esto, por ejemplo, amigo mío!: lo triste es que nuestro espíritu toma tan de buen grado la forma del corazón extraviado, conserva tan a gusto la tristeza fugaz, que el pensamiento mismo, que debía ser quien sanara los dolores, se pone él también enfermo, que el jardinero se rasga a menudo la mano en los rosales que debía plantar. Esto hace que muchos hombres, como Orfeo, hayan sido tenidos por locos por otros que, si no, hubieran sido gobernados por ellos. Esto ha hecho a menudo que las más nobles naturalezas sirvieran de escarnio a las gentes que andan por las calles; éste es el escollo para los favoritos del cielo, que su amor es potente y delicado, como su espíritu, que las olas de su corazón se agitan con más fuerza y más de prisa que el tridente con que el dios de los mares las gobierna, y por eso, ¡amigo mío!, nadie debe sentirse por encima de los demás.

Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin

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