Allí paso mis horas más queridas, allí me siento tardes enteras y miro hacia el Ática hasta que el corazón, finalmente, me late demasiado fuerte; entonces tomo mis pertrechos, bajo a la bahía y me dedico a pescar.
O también leo allá arriba algún texto sobre la antigua y magnífica batalla naval que desencadenó antaño en Salamina su tumulto, salvaje pero sabiamente mandado, y me alegro del espíritu que pudo dominar y domar, como un jinete a su caballo, el furioso caos de amigos y enemigos, y me avergüenzo interiormente de mi propia historia guerrera.
Hiperión o el eremita en Grecia - Friedrich Hölderlin
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