jueves, 29 de agosto de 2019

Y a pesar de todo el trabajo que dedicaba a tales problemas, estaba más perplejo que nunca por la complejidad de aquella danza innumerable, en la que debían intervenir otros determinantes de los que no tenía la menor idea. Y me decía, encantado: «He aquí una materia que puedo pasarme la vida estudiando sin llegar a comprenderla nunca». Y durante aquel viaje de regreso, cuando me interrogaba sobre las posibilidades de alguna pequeña alegría futura, casi me animaba pensando en mis abejas y en su danza. ¡Porque, de vez en cuando, seguía deseando alguna pequeña alegría! Y admitía de buena gana la posibilidad de que en el fondo aquella danza fuera como la de los occidentales, frívola y carente de significación. Pero para mí, sentado junto a mis colmenas bañadas por el Sol, sería siempre un hermoso espectáculo cuyo alcance nunca llegaría a enturbiar mis razonamientos de hombre a pesar suyo. Y no sería capaz de agraviar a las abejas como había agraviado a Dios, a quien me habían enseñado a atribuir mis cóleras, mis temores y deseos, y hasta mi cuerpo.

Molloy - Samuel Beckett

No hay comentarios:

Publicar un comentario