Y me detengo a hablar tan extensamente de aquel cuchillo porque creo que todavía lo conservo en alguna parte, entre mis posesiones, de modo que habiéndome referido extensamente a él ahora, ya no me será preciso hacerlo de nuevo cuando llegue el momento, si algún día llega, de establecer inventario de mis pertenencias, lo cual supondrá para mí un nuevo alivio, lo noto. Porque es natural que me extienda menos sobre lo que he perdido que sobre lo que no he podido perder. Y si a veces parezco no obedecer a este principio, es porque de vez en cuando lo pierdo de vista, como si nunca lo hubiera emitido. Es la observación de un demente, ya lo sé. Ya no soy casi consciente de lo que hago, ni por qué, cada vez lo voy comprendiendo menos, esta es la verdad, para qué iba a ocultarla y, ¿a quién?, ¿a ti a quien nada oculto? Y además la acción me llena de tal, no sé, no se puede expresar, para mí, ahora, después de tanto tiempo, ustedes se harán cargo, no voy a detenerme para indagar en virtud de qué principio. Y menos aún teniendo en cuenta que, haga lo que haga, es decir, diga lo que diga, siempre vendrá a ser de algún modo, de algún modo sí, lo mismo. Y qué le voy a hacer, si no hay principios y yo hablo de principios. En alguna parte los habrá. Y qué le voy a hacer si no es lo mismo comportarse siempre igual que actuar siempre según el mismo principio. Y además, ¿cómo saber si actuamos siempre según el mismo principio? ¿Y cómo tener ganas de saberlo? No, no vale la pena pararse a pensar en todo esto, y sin embargo uno lo hace, inconsciente de los valores. Y, por la misma razón, paso de largo ante lo que vale realmente la pena, o quizá por sentido común, sabiendo que toda esta historia de los valores no se ha hecho para uno, que no sabe bien lo que hace, ni por qué lo hace, y debe continuar ignorándolo bajo pena de, no sé de qué, me pregunto de qué, sí, me lo pregunto. Porque nunca he conseguido formarme la menor idea, lo cual nada tiene de extraño, ya que nunca lo he intentado, de que haya algo peor que lo que yo hago sin saber qué es ni por qué lo hago. Porque con lo que me conozco estoy seguro de que en cuanto supiera que hay algo peor me apresuraría a hacerlo. Aunque ya me basta con lo que tengo y lo que soy, y estoy también tranquilo sobre mis modestas aspiraciones de porvenir, ya que por el momento no parece que vaya a aburrirme.
Molloy - Samuel Beckett
lunes, 26 de agosto de 2019
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario