Y entonces, a veces, nacía confusamente en mí una especie de conciencia, la que expreso al decir: «Yo me decía, etcétera», o «Molloy, no lo hagas», o «¿Nombre de su madre?», dijo el comisario, cito de memoria. O lo expreso sin caer tan bajo como en la oratio recta, sino por medio de otras figuras, igualmente falaces, como, por ejemplo: «Me parecía que, etc.», o «Tenía la impresión de que, etc.», porque no me parecía nada en absoluto y no tenía impresión alguna de ningún género, sino que simplemente en alguna parte había cambiado algo que me obligaba a cambiar Yo también, o que obligaba a cambiar también al mundo, para que en definitiva nada quedara cambiado. Se trata de pequeños reajustes, como entre los vasos de Galileo, que solo puedo expresar diciendo: «Yo temía que», o «Yo esperaba que», o «¿Se llama así su madre?», dijo el comisario, por ejemplo, aunque sin duda podría expresarlos mejor si me tomara esa molestia. Y quizá lo haga algún día en que me dé menos pereza que hoy. Aunque no creo. De modo que me decía: «Dentro de poco tiempo, tal como van las cosas, ya no podré desplazarme, sino que me tendré que quedar donde me encuentre, a menos que pase por ahí alguien lo bastante amable para llevarme».
Molloy - Samuel Beckett
No hay comentarios:
Publicar un comentario