miércoles, 28 de agosto de 2019

Tendido, bien caliente, en la oscuridad, es cuando mejor penetro en la falsa turbulencia del mundo exterior, sitúo en ella a la criatura que me entregan, intuyo la ruta que he de seguir y hallo sosiego en la absurda miseria ajena. Lejos del mundanal ruido, de su agitación, de sus mordeduras y de su lúgubre claridad, lo juzgo, juzgo a quienes, como yo, están irremisiblemente sumergidos en él, y juzgo también, yo que no sé liberarme a mí mismo, a quien necesita que le libere. Todo está oscuro, pero con la simple oscuridad del reposo que sigue a las grandes fragmentaciones. Masas desnudas como leyes vacilan. Qué importa de qué estén formadas. También el hombre está allí, en alguna parte, vasto bloque formado de todos los reinos, solo entre los que le rodean y tan falto de lo imprevisto como una peña. Y en algún lugar de este bloque, creyéndose un ser aparte, ha ido a esconderse el cliente. Cualquiera serviría para esto. Pero me pagan para que busque. Llego y él sale a la luz, toda su vida ha estado esperando esto, ser preferido, creerse condenado, afortunado, el más mediocre de los hombres. Este es el efecto que a veces me producen el silencio, el calor, la penumbra, los olores de mi lecho.

Molloy - Samuel Beckett

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