martes, 27 de agosto de 2019

Sí, eran otros mis verdaderos puntos débiles. Y desde luego si no enumero ahora su lista impresionante ya nunca la enumeraré. Y en efecto, nunca la enumeraré, o tal vez sí, yo creo que sí. Aparte de, que no quisiera daros una idea errónea de mi estado de salud que, sin poder ser calificado de brillante, o insolente, era en el fondo de una robustez inaudita. Porque, de otro modo, ¿cómo hubiera podido llegar a la enorme edad que he alcanzado? ¿Gracias a mis cualidades morales? ¿A una higiene adecuada? ¿Al aire libre? ¿A la subalimentación? ¿A la falta de descanso? ¿A la soledad? ¿A la persecución? ¿A los terribles alaridos silenciosos (es peligroso lanzar alaridos)? ¿Al cotidiano deseo de ser tragado por la tierra? Venga, hombre, venga. El destino es rencoroso, pero no tanto.

Molloy - Samuel Beckett

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