martes, 6 de agosto de 2019

Por pura casualidad el propio barco lo rescató al final; pero a partir de esa hora el negrito paseó como idiota por la cubierta; al menos eso es lo que dicen que era. El mar había sarcásticamente preservado su cuerpo finito, mas había ahogado lo infinito de su alma. Aunque no lo había ahogado del todo. Más bien lo había sumergido en vida hasta extraordinarias profundidades, en las que extrañas formas del inurdido mundo primigenio se deslizaban de aquí para allá ante sus pasivos ojos; y la sabiduría, ese mísero tritón, dejaba ver sus amontonados tesoros; y entre las joviales y despiadadas eternidades, siempre jóvenes, Pip vio los multitudinarios insectos de coral omnipresentes de Dios, que desde el firmamento de las aguas alzaban las colosales órbitas. Vio el pie de Dios sobre el pedal del telar, y lo dijo; y por eso sus compañeros de tripulación le tildaron de loco. Así la demencia del hombre es la cordura del Cielo y, apartándose de toda razón mortal, el hombre llega al fin a ese celestial pensamiento que para la razón es absurdo y desvariado; y, para bien o para mal, se siente entonces libre de compromisos, indiferente como su Dios.

Moby Dick - Herman Melville

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