viernes, 16 de agosto de 2019

Pero cuando se le subió a cubierta, todos los ojos quedaron fijos en él; ya que, en lugar de ponerse en pie por sí mismo, aún se medio colgaba del hombro de Starbuck, que hasta el momento había sido el primero en asistirle. Su pierna de marfil le había sido arrancada de un mordisco, dejando únicamente una corta y afilada esquirla.
—Sí, sí, Starbuck, es dulce recostarse a veces, sea quien fuere el que se recueste; y ojalá el viejo Ajab se hubiera recostado más a menudo de lo que lo ha hecho.
—El zuncho no ha resistido, señor —dijo el carpintero, acercándose ahora—. Me empleé a fondo en esa pierna.
—Aunque ningún hueso roto, espero, señor —dijo Stubb con auténtica preocupación.
—¡Sí!, ¡y todo astillado en pedazos, Stubb!… ahí lo veis… Pero incluso con un hueso roto, el viejo Ajab está intacto; y no considero ningún hueso vivo mío ni una pizca más yo mismo, que este muerto que se ha perdido. Ni ballena blanca, ni hombre, ni demonio puede ni siquiera rozar al viejo Ajab en su propio inaccesible ser. ¿Puede algún plomo tocar aquel suelo, algún mástil rascar aquel techo?… ¡Eh, arriba!, ¿qué dirección?

Moby Dick - Herman Melville

No hay comentarios:

Publicar un comentario