—Puso nuestro viejo Sammy rumbo al noroeste, para salir del achicharrante tiempo que hacía allí en el ecuador. Pero no sirvió de nada… Yo hice todo lo que pude; velé con él las noches; fui muy severo con él en el asunto de la dieta…
—¡Ah, muy severo! —intervino el propio paciente; que alterando luego su voz, añadió—: bebiendo conmigo ron caliente con miel cada noche, hasta que no podía ver ni para colocar los vendajes; y mandándome a la cama, dando tumbos, hacia las tres de la mañana. ¡Ah, vos, estrellas! Efectivamente, se sentó conmigo, y fue muy severo con mi dieta. ¡Ah!, un gran custodio es el doctor Bunger, y muy dietéticamente severo. (¡Bunger, perro, ríete!, ¿por qué no lo haces? Ya sabes que eres un relamido y jovial granuja.) Pero levanta el ánimo, muchacho, preferiría que me mataras tú a que cualquier otro me mantuviera vivo.
Moby Dick - Herman Melville
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