miércoles, 28 de agosto de 2019

No me gustan los animales. Es curioso, no me gustan ni los hombres ni los animales. Y en cuanto a Dios, ya empieza a cansarme. Me agachaba para toquetearle las orejas a través de las rejas diciéndole frases zalameras. No se daba cuenta de que me asqueaba. Se erguía sobre sus patas traseras y apoyaba el pecho contra los barrotes. Entonces veía su pene pequeño y negruzco que se prolongaba en un delgado mechón de pelos mojados. Se sentía en posición inestable, sus corvas temblaban, las patitas buscaban su lugar, una después de otra. Yo también vacilaba, sentado en cuclillas. Con mi mano libre me agarraba a la reja. Quizá yo también le asqueaba a él. Me costó sustraerme a tan vanos pensamientos.

Molloy - Samuel Beckett

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