lunes, 26 de agosto de 2019

Me comunicaba con ella golpeándole el cráneo. Un golpe significa sí; dos, no; tres, no sé; cuatro, dinero; cinco, adiós. Me había costado mucho adiestrar a este código su entendimiento arruinado y delirante, pero lo había conseguido. Claro que podía ser que ella confundiera si, no, no sé y adiós, pero eso no tenía importancia, porque yo también los confundía. Ahora bien, lo que había que evitar a toda costa era que asociara los cuatro golpes con otra cosa que con el dinero. Así, pues, durante el período de adiestramiento, al mismo tiempo que le daba los cuatro golpes en el cráneo le pasaba un billete de banco por la nariz o se lo embutía en la boca. ¡Hay qué ver lo ingenuo que era yo entonces! Porque ella había perdido la noción de mensurabilidad, si no del todo, sí por lo menos la facultad de contar más allá de dos.

Molloy - Samuel Beckett

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