jueves, 29 de agosto de 2019

La casa estaba abandonada. La compañía había cortado la electricidad. Quisieron volver a dármela. Pero yo no quise. Fijaos cómo he cambiado. Volví al jardín. Al día siguiente examiné el puñado de abejas que había cogido. Un polvillo de alas y de anillos. Encontré correspondencia, en el buzón que estaba al pie de la escalera. Una carta de Savory. Mi hijo seguía bien. Naturalmente. No hablemos más de él. Volvió. Duerme. Una carta de Yudi, escrita en tercera persona, pidiéndome un informe. Vaya si se lo haré. Vuelve a ser verano. Se ha cumplido ya un año desde mi salida. Me voy. Un día recibí la visita de Gaber. Quería el informe. Vaya, y yo que creía que todo eso había acabado, los encuentros, las conversaciones. «Vuelva otro día», dije. Un día recibí la visita del padre Ambroise. «¿Será posible?», dijo al verme. Creo que a su modo me tenía verdadero afecto. Le dije que no contara más conmigo. Se engolfó en un discurso. Tenía razón. Quién no tiene razón. Le dejé. Me voy. Quizá encuentre a Molloy. Mi rodilla no mejora. Tampoco empeora. Ahora llevo muletas.

Molloy - Samuel Beckett

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