Es sobre la espalda, o sea, prosternado, no, vuelto al revés, como estoy mejor; así soy menos huesudo. Permanezco de espaldas, pero con la mejilla contra la almohada. En cuanto abro los ojos, ahí están de nuevo el cielo y el humo de los hombres. Veo y oigo muy mal. La estancia sólo está iluminada por reflejos, y todos mis sentidos apuntan hacía mí. Mudo, oscuro e insípido, no existo para ellos. Estoy lejos de los ruidos de sangre y de aliento, en lo secreto. No hablaré de mis sufrimientos. Sumergido en ellos hasta lo más profundo, no siento nada. Es allí donde muero, a escondidas de mi carne estúpida. Lo que se ve, lo que grita y se agita son los restos. Se ignoran. En alguna parte de semejante confusión el pensamiento se encarniza, lejos también. También me busca, como desde siempre, allí donde no estoy. Tampoco sabe ya calmarse. Estoy harto. Que vaya a otro con su rabia de agonizante. Durante este tiempo me sentiré en paz. Esa parece ser mi situación.
Malone muere - Samuel Beckett
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