viernes, 16 de agosto de 2019

Entonces, alrededor y alrededor, y siempre mermando hacia la negra burbuja semejante a un brote, que había sobre el eje de ese círculo que lentamente giraba, yo di vueltas como otro Ixión. Hasta que, alcanzado su centro vital, la negra burbuja reventó hacia arriba; y en ese momento, liberado por razón de su ingenioso resorte, y ascendiendo con gran fuerza a causa de su gran flotabilidad, el ataúd salvavidas surgió verticalmente del mar, se tumbó y quedó flotando a mi lado. A flote en ese ataúd durante casi un día y una noche, me mantuve sobre un mar suave y mortuorio. Inofensivos tiburones se deslizaban junto a mí como si tuvieran candados en sus bocas. Salvajes halcones marinos planeaban con picos enfundados. Al segundo día una vela se aproximó cerca, más cerca, y al final me recogió. Era el Raquel en su errante rumbo, que, desandando en la búsqueda tras sus hijos perdidos, sólo encontró otro huérfano.

Moby Dick - Herman Melville

No hay comentarios:

Publicar un comentario