miércoles, 7 de agosto de 2019

El otro capitán avanzó con su brazo de marfil tendido francamente en gesto de bienvenida, y Ajab, sacando su pierna de marfil, y cruzando con ella el brazo (como dos hojas de pez espada), gritó con su aire de morsa:
—¡Sí, sí, cofrade!, ¡choquemos juntos los huesos!… ¡Un brazo y una pierna!… Un brazo que nunca se puede echar atrás, ya veis; y una pierna que nunca puede huir. ¿Dónde visteis a la ballena blanca?… ¿cuánto hace?
—La ballena blanca —dijo el inglés, señalando con su brazo de marfil hacia el este, y echando una compungida ojeada a lo largo de él, como si fuera un telescopio—… Allí la vi, en el ecuador, la última campaña.

Moby Dick - Herman Melville

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