después, en una luz áspera, hacia inaccesibles alimentos, quería alcanzar los éxtasis del vértigo, del abandono, de la caída, del hundimiento, del retorno a lo negro, a la nada, a lo serio, a la casa, a quien siempre me esperaba, a quien necesitaba de mí y a quien yo necesitaba, quien me rodeaba con sus brazos y me pedía que no me marchara nunca más, quien me cedía su lugar y velaba por mí, quien sufría cada vez que yo le dejaba, a quien hice sufrir tanto y tan poca alegría di, a quien jamás he visto. Ya empiezo a exaltarme. No se trata de mí, sino de otro que vale menos que yo y a quien intento envidiar, de quien acabaré por contar sus vulgares aventuras, no sé cómo. Pero tampoco he sabido nunca relatar las mías, ni tampoco vivir o relatar las de otros. ¿Cómo habría de hacerlo, si nunca lo intenté? Mostrarme ahora, en vísperas de desaparecer, al mismo tiempo que el advenedizo, gracias a la misma gracia, no dejaría de ser chistoso. Después vivir, el tiempo de sentir, detrás de mis ojos cerrados, cerrarse otros ojos. ¡Qué final!
Malone muere - Samuel Beckett
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