Cualquiera otro en mi lugar se habría tendido en la nieve, decidido a no levantarse más. Yo, no. En otro tiempo, creía que los hombres no podrían conmigo. Siempre me creía más astuto que las cosas que me rodeaban. Existen los hombres y las cosas, no me habléis de los animales. Ni de Dios. Una cosa que me opone resistencia, aunque sea para mi bien, no me la opone mucho tiempo. Aquella nieve, por ejemplo. Aunque a decir verdad, la atracción que ejerció sobre mí fue más fuerte que la resistencia que me oponía, pero en un sentido me oponía resistencia. Bastaba con eso. La vencí, haciendo chirriar los dientes de alegría, pues es posible hacer chirriar los incisivos. Me abrí camino, hacia lo que hubiera llamado mi perdición de haber concebido qué tenía que perder. Luego quizá lo concebí, quizá aún no he terminado de concebirlo, con el tiempo termina por conseguirse, lo conseguiré. Pero durante el viaje, expuesto a la malignidad de las personas y las cosas y a las flaquezas de la carne, no lo concebí.
Molloy - Samuel Beckett
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