jueves, 8 de agosto de 2019

Aunque antes de que esto se hiciera, Pip, que disimuladamente había estado rondando cerca todo este tiempo, se acercó al lugar en el que estaba tendido, y con suaves sollozos le cogió la mano, llevando en la otra su pandereta.
—¡Pobre trotamundos!, ¿nunca acabaréis todo este agotador deambular?, ¿dónde vais ahora? Mas si las corrientes os llevan a esas dulces Antillas donde las playas sólo son batidas por nenúfares, ¿haréis un pequeño encargo para mí? Buscad a un tal Pip, que lleva mucho tiempo perdido: creo que está en esas lejanas Antillas. Si le encontráis, consoladle; ya que debe estar muy triste; pues, ¡mirad!, se ha dejado la pandereta… yo la encontré. ¡Rig-o-tán, tan, tan! Ahora, Queequeg, moríos; y os tocaré vuestra marcha fúnebre.

Moby Dick - Herman Melville

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