jueves, 8 de agosto de 2019

Ajab cogió un mosquete cargado del armero (que forma parte del mobiliario de la cabina de la mayoría de los barcos de los Mares del Sur) y, apuntándolo a Starbuck, exclamó:
—Hay un Dios que es señor sobre la Tierra, y un capitán que es señor sobre el Pequod… ¡A cubierta!
Durante un instante, en los destelleantes ojos del oficial, y en sus ardientes mejillas, hubierais casi pensado que verdaderamente había recibido el fuego del encañonado tubo. Pero, dominando su emoción, a medio calmar se levantó y, mientras dejaba la cabina, se detuvo un instante, y dijo:
—Me habéis agraviado, no insultado, señor; mas por ello no os pido que os guardéis de Starbuck: os limitaríais a reír; pero que Ajab se guarde de Ajab: guardaos de vos mismo, viejo.
—Se envalentona, pero aun así obedece; ¡una muy prudente valentía, ésa! —murmuró Ajab cuando Starbuck desapareció—. ¿Qué es eso que dijo…? Ajab, guardaos de Ajab… ¡Ahí hay algo!

Moby Dick - Herman Melville

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