jueves, 29 de agosto de 2019

A una veintena de pasos de mi postigo el callejón empieza a discurrir a lo largo del muro del cementerio. El callejón desciende y el muro es cada vez más elevado. A partir de cierto punto se camina por debajo de los muertos. Allí tengo una concesión a perpetuidad. Mientras el mundo sea mundo, aquel sitio me pertenecerá, en principio. De vez en cuando iba allí a contemplar mi tumba. Ya estaba preparada. Era una sencilla cruz latina de color blanco. Yo había querido añadir mi nombre, con el R.I.P. y la fecha de mi nacimiento. Ya solo habría faltado añadir la de mi muerte. No me lo permitieron. A veces sonreía, como si ya estuviera muerto.

Molloy - Samuel Beckett

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